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ॐTodo Sea por la Diplomaciaॐ

Mensaje por Firelord Zuko el Miér Ene 07, 2015 6:07 pm

El viento soplaba con gentileza sobre las planicies volcánicas a las afueras de la imponente isla principal, la industrialización de la nación era evidente, mas sin embargo no era algo que preocupara los cimientos de su ancestral cultura, sus habitantes, desde los más humildes hasta la nobleza guardaban aún sus milenarias costumbres, modales y prendas, como siempre los hijos del fuego eran objeto de admiración y envidia por parte de los extranjeros al ver su tan refinada clase y cultura. Alzando la vista por encima del mar, ahí donde los ojos casi no pueden llegar se podía divisar a lo lejos un par de halcones de combate, los Jets preferidos de la división de pilotos del Este, se trataba nada más y nada menos que de dos de los guerreros más prestigiosos del estandarte de fuego; El ahora General Bardock y su protegido, el Teniente Coronel Anakin Skywalker, ambos se elevaban victoriosos entre las nubes coloradas, su vuelta significaba una victoria más para su estandarte, juntos nuevamente habían logrado frenar y sin mayor problema la rebelión pirata en las islas menores del Sur. Así es, una vez mas Anakin había demostrado su valía en combate.

La batalla había durado dos días exactamente, los piratas de las tierras de nadie no son gente fácil de controlar, suelen viajar de puerto en puerto saqueando pueblos y esclavizando tribus para hacerse con sus recursos, como la plata y el oro. No era la primera vez que el dúo de guerreros tenia que enfrentarse a ellos, en el pasado defendieron la capital de un fuerte asedio por parte de los mismos, esta vez liderados por el Almirante Zhoul', un viejo desertor del Consejo, ahora desaparecido. El Halcón del General Bardock había sufrido daños en su ala derecha durante el acérrimo combate contra la calavera del jefe de la flota pirata, por lo tanto, incluso antes de partir de vuelta a la Isla principal ya tenía pensado en colocar sobre Anakin la responsabilidad de rendir cuentas al Consejo de Maestros, no solo porque él no estaba en condiciones optimas de asistir, sino también para recompensar a su aprendiz por su ardua labor en el frente de combate, El General conocía a Anakin desde los 13 años cuando este apenas era un niño a disposición de su abuelo en el Dojo familiar, podía decirse que era como un padre para él, no había persona, además de su abuelo, que conociera mejor al joven y apasionado guerrero. Bardock sabía más que nadie el ferviente deseo de su Anakin por entrar en el Consejo.

-Anakin ¿Me copias?-

-Sí, Maestro- Replicó

-¿Sabes? No tengo ánimos de rendir cuentas al consejo hoy ¿Porque no vas tú?

-Pero Maestro... Ni si quiera soy un General, usted representa esta división. No creo que presentarme ante ellos sea lo indicado

-Vamos, Anakin... Eres mi aprendiz y mi segundo al mando, el Consejo lo entenderá, si algún día formaras parte de él, lo mejor es que te vayas acostumbrando a tratar con ellos, confío en ti

-No lo decepcionaré, Maestro Bardock

El joven Skywalker no pudo evitar sentirse sorprendido ante tal propuesta, eso generó cierta confianza extra dentro de si, una sonrisa sería prueba de ello y eso era algo que el General sabía, Anakin era un muchacho poderoso pero apasionado y temeroso, si se le ataba demasiado comenzaría a sentirse frustrado y lo mejor para él después de tantas batallas era una pequeña recompensa que hace ya bastante tiempo que lo merecía. Al entrar al espacio aéreo de la Isla ambos se separaron, uno con destino al taller de maquinas y otro, el joven, a enfrentarse con sus superiores, aquellos veteranos miembros del Consejo de Guerra, fuertes y soberbios, como también sabios e inteligentes, ganarse su confianza no seria un trabajo fácil y menos para alguien tan impaciente como lo era el joven y valiente guerrero. Luego de algunos minutos de sobrevolar la capital, por fin la torre de control facilito a Anakin el permiso de aterrizaje sobre los dominios del Consejo, la plataforma de Maestros estaba preparada para su llegada. Su propulsores atenuaron su nivel de revoluciones y de a poco aterrizó como una pluma sobre el lugar indicado por la torre, lugar donde habitualmente se ve estacionada la nave del General Bardock. Apago sus motores, se despojo de su casco y de un salto abandono la cabina, dentro del edificio lo esperaba la junta, ansiosa por saber el ultimo movimiento de uno de sus miembros en compañía de su alumno.

-¿Skywalker? ¿Donde esta Bardock?- De inmediato replico Lu-Zhen unos de los miembros mas longevos y estrictos del consejo.

-Señores miembros del Consejo, lamento si mi estadía en solitario les molesta, el Maestro Bardock me pidió que viniera en su lugar

-Déjalo Maestro Zhen, el joven Skywalker ha demostrado que tiene la madurez para presentar sus propios informes, supongo que Bardock esta bien ¿No es así, Skywalker?- Intervino con calma como era habitual en él, Hyong-Kal', antiguo sabio del fuego en su juventud, uno de los primeros en formar parte del Consejo, conocido además por su sabiduría y habilidad con el fuego y lava control respectivamente.

-Sí maestro, no tienen de que preocuparse, el General esta bien. La misión fue todo un éxito, con suerte no veremos a esos molestos seres merodear por aquí en un buen tiempo

-Que bueno es saber eso Anakin, el Consejo confiaba plenamente en ustedes para esa labor, deja el informe escrito sobre la mesa, con gusto lo analizaremos y recompensaremos, por lo pronto es momento de fijar nuestras mentes en el futuro

-Como ordene Maestro Hyong- De rodillas se reverencio ante los 12 miembros vigentes del Consejo, dado el informe y puesto en mesa, para Anakin ya era momento de partir, siendo evidente el joven se puso de pie decidido a abandonar la Cámara del Consejo

-¡Skywalker!- Exclamó el Maestro Zhen, fuerte y claro, razón suficiente para alarmar al joven aprendiz de maestro

-¿S-señor?- Se dio media vuelta atendiendo al llamado, sin hacer contacto visual con los veteranos

-Aún no es momento de que te vayas, el Consejo tiene algo más para ti

-Así es, Anakin... Tal y como menciono el maestro Zhen, una misión aún falta por darte. Como sabrás los vientos que soplan en torno a la Orden de Republic City no son los más convenientes, su Estado cada día gana más poder... Los altos mandos comienzan a preocuparse, el Señor del Fuego desconfía de su movimiento militar

-Pero ellos son nuestros Aliados maestro Hyong, no creo que se atrevan a romper nuestro tratado

-Y quizá no lo hagan Anakin, pero razones para desconfiar ya nos dieron; Una expedición militar de la Orden desembarco hace poco en las Islas deshabitadas de la frontera, aunque estén deshabitadas, son patrimonio cultural de la Nación del Fuego y por lo tanto son territorio nuestro, lo preocupante es, que han cruzado nuestras fronteras sin consentimiento alguno por parte de nuestros líderes, ese acto considerado como invasión puede ser, ahora más que nunca debemos velar por la integridad de nuestra nación, el equilibrio puede estar por regresar

-¿Que debemos hacer Maestro?

-Skywalker -Intervino Zhen- La Nación debe velar por el Orden y la Diplomacia, es un momento clave en las negociaciones parlamentarias para la liberación de las tierras de los monjes exiliados, un paso en falso y podríamos complicar la resolución de este conflicto, sabemos que la Orden no esta muy contenta con la idea y cualquier problema menor que surja en el ámbito internacional seria la excusa perfecta para ellos, no me extrañaría que con esa expedición estén buscando caldear el ambiente

-Joven Anakin, razón tiene el maestro Zhen, no podemos permitirnos caer en el juego de el mandatario Fülof. Más temprano logramos hacer contacto con la Orden y planeamos una reunión para satisfacer las inquietudes de ambas partes, el Maestro Bardock y tú son los más indicados para lidiar con ello... A Republic City deben ir cuanto antes

-¿Pero quien se encargará de las Islas Maestro? No podemos permitir que sigan alli sin saber que traman -Replicó con ansiedad el joven aprendiz Skywalker

-Paciencia Skywalker -Intervino nuevamente el Maestro Zhen- tú podrías adelantarte a la reunión mientras el Maestro Bardock pone un limite en las Islas dialogando con el Almirante a cargo, advertido estas, deben partir cuanto antes

-Anakin, Informa a Bardock de todo lo ocurrido, saldrán esta noche, sus naves estarán en los hangares de las fuerzas especiales

-No les fallaremos maestro, con permiso.

Lo acontecido en los últimos días había generado gran preocupación por parte de la Nación hacia a la Nueva Orden, era ya un secreto a voces entre los altos mandos que el Avatar nacería como un maestro fuego, de ser así, ahora más que nunca el Consejo debía velar por hacer prevalecer la calma entre las Islas del Fuego. La balanza mundial se inclinaría plenamente hacia los del Sol naciente si de apoderarse del Avatar se tratase, lo cual los haría blanco de represalias por parte del Reino Unido de la Nueva Orden y quizás de las tribus del Agua, desde la desaparición del ultimo Avatar las naciones han prosperado con igualdad y sin guerras mundiales, si él regresa el ambiente que ya esta tenso, podría estallar. Anakin abandono la Cámara del Consejo bastante consternado, la presión que ponían sobre el y su maestro era asfixiante, pero como maestros su deber era velar por el bienestar de su Nación y para hacerlo, por el momento debían ir directamente a la boca del lobo, una ciudad tan misteriosa para los maestros extranjeros que entrar en ella es casi como ir a un laberinto sin salida atado de manos, piernas y con los ojos vendados. Anakin le contaría minutos más tarde todo lo sucedido al General Bardock, quien se mostró confiado, tenía fe en que junto con el Senador de la Nación del fuego en el parlamento de Republic City podrían calmar los aires por unos días más, tiempo suficiente para idear el siguiente movimiento político y prepararse para algo que parece inminente.








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